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sábado, 9 de julio de 2016

Mercedes Agulló y Cobo. Pionera


Doña Mercedes en los años 40 [openarchives]




Apuntes que tenía pendientes...

En el año 1965 apareció el segundo volumen de Madrid en sus diarios por el Seminario de bibliografía hispánica de la Facultad de filosofía y letras de Madrid. De la ordenación y clasificación de las gacetillas se ocupó la historiadora y filóloga Mercedes Agulló y Cobo [Madrid, 1925], conocida en la década actual por sus investigaciones sobre la autoría del Lazarillo de Tormes.

El tomo abarca el período de 1845 a 1859, y, aunque obviamente no es una obra centrada en el cante y baile andaluz, las referencias de las hoy famosas crónicas sobre la aparición de los flamencos en los madrileños Salones de Vensano en febrero de 1853 ya constaban en el interesante libro. Noticias que, como todos sabemos, fueron ampliadas muchos años después por José Blas Vega y el neerlandés Arie Sneeuw.



Madrid en sus diarios




Y he de añadir que, cincuenta años después, Madrid en sus diarios sigue siendo una obra muy aprovechable. El añorado don Pepe Blas se quedó con la duda si el señor Campos que ofreció una sesión de baile protagonizada por la Nena en diciembre de 1853 en Vensano podría ser el misterioso “Sr. C.” que reunió a los flamencos en febrero del mismo año en el mismo local. En la gacetilla del 17 de febrero de La Época estaba la clave…



La Época, 17 de febrero de 1853

sábado, 18 de junio de 2016

José María Dardalla: retratos (II)

Un aire a Caracol… :-)



Otro retrato del distinguido actor y director de escena sevillano don José María Dardalla y Gutiérrez, la flor de la canela de la comedia del género andaluz tan en boga a mediados del siglo XIX. La imagen ilustra la breve semblanza del eminente artista en el libro Arte dramático español contemporáneo [Bastinos, 1914], « …inspirado en el deseo de que pueda tener alguna utilidad para los alumnos de dramática castellana y catalana del Liceo filarmónico dramático barcelonés de Isabel II… ».

Demos rienda suelta a la imaginación y escuchemos al maestro en el papel de Antonio en la zarzuela andaluza ¡¡Es la chachi!!!! [1845], en aquello de:


…Y oigo mejor que a Rubini
al Planeta; y más a Vargas
que a Rossini y a Bellini,
Paganini, y tanto ini
como me abronca y me carga.



lunes, 4 de abril de 2016

Sevilla por dentro: El Planeta y Lázaro



Convencido de que su lectura será amena, quiero reseñar brevemente en el blog la novela Elina o Sevilla por dentro, de don Cristóbal de Pascual, publicada en Sevilla [Imprenta de Gómez, Sierpes, junto al café del Turco] en el año 1846. 

La obra contiene un capítulo titulado El baile de candil, donde se describe una función acontecida en la sevillana academia de baile del famoso maestro don Miguel Barrera, esquina calles de los Vizcaínos y de la Mar, o sea, calle Gimios (1). Si bien estamos en clave novelesca, los personajes son reales y hay alusiones en el texto a hechos contrastados, como los recientes triunfos de la bolera Manuela Perea la Nena en los teatros de Londres, o la presencia en Sevilla por aquellas fechas de los cantaores El Planeta y Lázaro Quintana, documentada en los textos del compositor ruso Mijaíl Ivánovich Glinka.

En este enlace se puede leer el capítulo completo: Elina o Sevilla por dentro, TOMO II, capítulo XII

Por mi parte, os invito a escuchar cantar al Planeta, el Rubini de las seguidillas y de los polos. Acompaña al patriarca su inseparable Lázaro, con su extensa y sonora voz y su arte para puntear la guitarra. Enjoy!




El Planeta y Lázaro on stage







...Suenan las cuerdas de otra guitarra, o más bien de un harpa sonora. Son las delicadas manos del hombre crúo, del gallardo Lázaro que preludia y modula en su instrumento los acordes más delicados y sensibles.
Oyese su entera y melodiosa voz en un trino prolongado que remeda a las dulces baladas de los antiguos árabes.
Otra voz le contesta con ecos más llenos y dulces. Esta voz conmueve la fibra de todos los oyentes. Esta voz ejerce un poder sin límites sobre cuantos la escuchan. Herízase el pelo, siéntese un lánguido estremecimiento; llórase sin poder contener las lágrimas. Esta voz es la voz del Planeta.
Replícale Lázaro con otro trino, que también es contestado a su vez por el patriarca de la antigua ley; y concluyen ambas voces por un acorde el más sentimental y patético.
Titúlase esta canción "Los machos". El auditorio prorrumpe en aplausos estrepitosos. Los machos se repiten una y dos veces y cada vez producen nuevo efecto.
Canta Lázaro unas seguidillas: canta las playeras. De todo saca partido: en todo obtiene triunfos y coronas.
-¡El Polo! ¡Va a cantarse el Polo! grita una voz.
¡El Polo! repiten enajenados los espectadores.
Lázaro arpegia en la guitarra con una maestría inimitable. El Planeta tose, gargajea, se limpia el sudor y hace gorgoritos pianísimos, acompasándose con las robustas palmas.
Nadie respira en el salón. Todos están pendientes de la dulce voz del Rubini de Andalucía.
Suelta este los diques a sus pulmones y a su privilegiada garganta, y sostiene con llena y sonora cadencia un trino tan prolongado que ningún instrumento de viento puede imitar. Hace escalas naturales y cromáticas con tan imponderable firmeza y valentía que los profesores de más crédito inclinan la frente ante su capacidad. Pero estos trinos estas escalas producen un efecto mágico en el auditorio: herízase a todos el cabello; todos sienten una melancolía dulce: todos derraman lágrimas involuntarias de patética emoción; porque aquella voz singular trasmite a los corazones sus ecos cadenciosos y les afecta y conmueve con sus sensibles vibraciones.
El Planeta consigue una completa ovación...

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(1) texto en negrita añadido el 22-07-2024

martes, 24 de agosto de 2010

Un texto de Pierre Loti

Sello de 1937 con la efigie del escritor


El semanario La Revista Moderna del 3 de septiembre de 1898 publicó un artículo -traducido expresamente para la ocasión- del a la sazón ya ilustre escritor galo Pierre Loti (Julien Viaud, 1850-1923). El texto se integraría en su libro Reflets sur la sombre route (París, 1899), cuya traducción al castellano se titula Reflejos en la senda obscura (Barcelona, 1924).

Una visión agridulce de un café cantante madrileño en las postrimerías del siglo XIX. Curiosamente, el relato se ilustra con una fotografía del sevillano Café del Burrero.



La Revista Moderna, 3 de septiembre de 1898



Lástima que las imágenes de la segunda página no tengan leyenda.

martes, 17 de agosto de 2010

Madrugás


Según algunos estudiosos, las malagueñas de la madrugá o cantes de la madrugá murcianos podrían estar en el origen de algunos cantes mineros.

En su libro El Rojo el Arpargatero, flamenco (Almuzara, 2007), José Gelardo nos brinda la cita del músico murciano Julián Calvo, quien, en 1877 (Alegrías y tristezas de Murcia), se hizo eco de la existencia de dicho cante e informó acerca del introductor del mismo en Murcia en el año 1868: Ginez Martínez (a) el Osuna.

Otra de las fuentes donde bebe Gelardo es el libro de José Verdú Colección de cantos populares de Murcia (1905), donde se detalla cómo era ese cante y se insiste en el papel fundamental de el Osuna en la gestación de la malagueña de la madrugá. Verdú la llevará al pentagrama.

Gelardo no lo cita, pero unos años antes que Verdú, en 1900, Pedro Díaz Cassou y los maestros Antonio López Almagro (Profesor numerario de la Escuela Nacional de Música) y Mariano García López (Maestro de Capilla de la Catedral de Murcia) se ocuparon también de la Malagueña de la madrugá en El Cancionero Panocho. Coplas, Cantares, etc.





Repasamos lo que en dicho cancionero se apunta acerca de este canto:



pág. 21

(…) la soñadora y artística malagueña de la madrugá (…)
(…) En las páginas musicales, al fin de este librito, no figura más malagueña que la madrugá, por no haberse creído necesario transcribir la común, que sólo se diferencia de la andaluza, en que no suele adornársela (...)


págs. 81-82






Apéndice musical: págs. 16-18




sábado, 14 de agosto de 2010

Sun and Shadow in Spain (1908)


Maud Howe Elliott en 1941 (life.com)

Como curiosidad traemos a nuestra página un pasaje del libro Sun and Shadow in Spain (Boston, 1908), de la escritora estadounidense Maud Howe Elliott (1854-1948), hija de la abolicionista Julia Ward Howe, la poetisa que escribió el famoso The Battle Hymn of the Republic -El Himno de batalla de la República-.

La escena tiene lugar en el estudio madrileño del pintor sevillano José Villegas Cordero, donde se ha concertado un baile protagonizado por Pastora Imperio, acompañada por su madre Rosario la Mejorana y su hermano Víctor, a quien la autora llama curiosamente Dionisio. Si bien algunos datos concuerdan con la realidad –verbigracia, Pastora bailó en el Kursaal-, otros apuntes parecen sacados de la imaginación.

Dice Villegas: « …Cuando llegué a Madrid por primera vez – para copiar a Velázquez - tenía entonces apenas dieciséis años – la madre de Imperio era la primera bailarina de España (…) ¿Ha olvidado el baile que hizo en palacio ante la reina Isabel?»

Ni que decir tiene que la afirmación que Howe pone en boca del pintor no encaja: cuando Villegas llega a Madrid, con 23 años según sus biógrafos (1867), la Mejorana sería una niña. Sin embargo, no hay que descartar que el episodio del baile ante Isabel II de España pueda tener un fondo de verdad, en otro contexto.

Aquí van estas páginas poco conocidas en las que, en clave novelesca, asistiremos al baile de una Rosario Monje de edad mediana.



Sun and Shadow in Spain, Boston: Little, Brown & Co., 1908.



domingo, 25 de julio de 2010

Escenas madrileñas... (ampliación)

Ampliamos nuestra entrada del 18 de julio de 2010.


Hoy vamos a dar cuenta de una curiosidad de las que nos gustan; vamos a intentar acercarnos a la verdad cronológica de uno de los pasajes más conocidos de la bibliografía flamenca: el fragmento sobre « …la Dolores y su comparsa de Espeletilla, Enriquillo, el Granadino, la Mosca y demás zarandajas…» de la Asamblea general de los Caballeros y Damas de Triana y toma de hábito en la orden de cierta rubia bailadora (Escenas andaluzas, 1847).

Como es sabido, la famosa Asamblea general de Serafín Estébanez Calderón El Solitario se publicó por vez primera dos años antes de incluirse en sus renombradas Escenas: apareció en la revista madrileña El Siglo Pintoresco en noviembre de 1845.

Nos atrevemos a afirmar que no se ha reparado lo suficiente en una notable diferencia entre los dos textos. En el de 1845 (El Siglo Pintoresco) no figura el episodio de la Dolores gaditana que se presenta con su comparsa en la celebración, fragmento que sí aparecerá en las Escenas de 1847. Recordémoslo:



«(…) ¿se le antoja también a este cónclave que arriben, vengan y lleguen de Cádiz y allende el mar, no la estrella de guía, ni los tres Reyes Magos, sino la estrella de las gitanas y los Magos y Reyes de los movimientos y circunstancias, para traer su feudo y tributo de adoraciones y contentamientos al caso que aquí se constituye?»
(…) «¡Pues no han de entrar! y pido y suplico que se nombre comitiva y acompañamiento de buena acogida y recibir: que ella es sin poder ser otra la Dolores y su comparsa de Espeletilla, Enriquillo, el Granadino, la Mosca y demás zarandajas.»
(…) y entrando que entraron se dejó ver de capitana y adalid la muchacha anunciada por Don Poyato: y en verdad que era ella un tipo acabado de su raza y su país. Bella y gentil en la persona, era su color soberanamente bronceado y negros los ojos y rasgados con muchísima intención y fuego; el pelo no hay que mentarlo, negro también como el cuervo y como zíngaro, seguido y flácido; la boca albeando con una dentadura de piñones blanquísimos; el talle suelto y ágil a maravilla y los pies de la mejor traza, así como el arranque de las piernas que, en lo que dejaron ver luego sus estalles y campanelas, pregonábanse de gran morbidez y perfecto perfil. En las mudanzas y vueltas de la rondeña y zapateado estuvo de lo más apurado que puede verse, pero en tocando que llegaron a los éxtasis y últimos golpes de la yerba buena, las seguidillas y la Tana, fue cosa para vista y admirada que no para puesta aquí en relato. Ello es que el Planeta, el Fillo y toda la asamblea clamaron en unísono y conjunto: «que había mucho de novedad y no poco de excelencia en tal bailadora, todo de manera que la ponía y encimaba sobre cualquier encarecimiento, salvo empero si era en contraste con la rubilla Carmela, a tal punto aclamada y admitida por reina del donaire y de la gentileza y quede esto, añadieron, así sabido y asentado.»
Por nuestra parte vamos al capítulo de los cantares, que en esto sí podremos adjudicarle el primer punto y merecimiento. Entre las cosas que cantó dos de ellas sobre todo fueron alabadas. Érase una la Malagueña por el estilo de la Jabera, y la otra ciertas coplillas a quienes los aficionados llaman Perteneras. Cuantos habían oído a la Jabera todos a una la dieron en esto el triunfo y decían y aseguraban que lo que cantó la gitanilla no fue la Malagueña de aquella célebre cantadora, sino otra cosa nueva con diversa entonación, con distinta caída y de mayor dificultad, y que por el nombre de quien con tal gracia la entonaba, pudiera llamársela Dolora. La copla tenía principio en un arranque a lo malagueño muy corrido y con mucho estilo, retrayéndose luego y viniendo a dar salida a las desinencias del Polo Tobalo, con mucha hondura y fuerza de pecho, concluyendo con otra subida al primer entono: fue cosa que arrebató siempre que la oyó el concurso. Tocante a las Perteneras son como seguidillas que van por aire más vivo, pero la voz penetrante de la cantora dábanles una melancolía inexplicable. (...)




Retrocedamos en el tiempo. En nuestra entrada titulada Cante en caló. 1846 (6-VI-2009), nos hicimos eco de la llegada a la Villa y Corte, en junio de 1846, de una linda gitanilla que llamaba la atención con sus cantes en caló, acompañándose a la guitarra. La volveremos a encontrar tomando parte en varias reuniones musicales durante el verano de ese año.

El diario El Español del 19 de junio, verbigracia, brindó una extensa reseña de una de sus actuaciones, en compañía de... el Granadino, Espeleta, Enriquillo y otros aficionados.



El Español, 19 de junio de 1846 (crónica y detalle de la misma)






Ante las muchas coincidencias entre esta crónica de El Español y el texto de las Escenas (1847), las preguntas que nos surgen son las siguientes:

  • ¿Publicó El Solitario otro texto entre noviembre de 1845 y junio de 1846 que pudo inspirar al cronista de El Español?




En su Cincuenta Años de Flamencología (EFV, 2008), José Blas Vega nos recuerda que, después de El Siglo Pintoresco, el texto volvió a editarse en 1846 en un folleto ilustrado titulado Asamblea general de los Caballeros y Damas de Triana. (Dedicada a Mad. Guy Stephan por El Solitario y Castelló. Madrid. Establecimiento de grabado e imprenta de D.V. Castelló, Calle de Hortaleza, número 89. 1846). Desconocemos el contenido del mismo. Sin embargo, pensamos que dicho folleto debió aparecer posteriormente a la noticia de El Español: se anunció en el Semanario pintoresco del 23 de agosto.








  • ¿Se inspiró El Solitario en la noticia publicada por el diario madrileño para componer el texto definitivo de sus Escenas?


Seguiremos indagando. De lo que no cabe duda es de que nuestra gitanilla marcó con su sello musical el estío madrileño de hace 164 años, amén de convertirse en tema de cotilleo del corazón.



El Clamor público, 12 de julio de 1846


sábado, 3 de julio de 2010

La Córdoba flamenca



Es asignatura pendiente del autor de este blog adquirir el libro La Córdoba flamenca (1866-1900), del escritor e investigador José Cruz Gutiérrez, de reciente publicación.

Mientras tanto, a ciegas, al hilo de la noticia que publicó eldiadecordoba del pasado 10 de febrero, aventuramos algún comentario.

Uno de los párrafos del artículo dice así: «En el flamenco, observa Cruz, "hay un antes y un después de Silverio Franconetti", que constituyó el "motor" para su "puesta en marcha" en Córdoba. El sevillano ofreció su primera actuación en la ciudad (en el Teatro Moratín) en agosto de 1866, dos años después de su vuelta a España tras su periodo americano, en el contexto de una gira por las ciudades andaluzas para difundir sus cantes.»

Silverio estuvo efectivamente en Córdoba en agosto de 1866. Ahora bien, no sabemos si José Cruz matiza que la prensa cordobesa anunció un concierto suyo tres meses antes: en el Diario de Córdoba del 25 de mayo de 1866 leemos que...


«En la noche del domingo próximo dará un concierto en el teatro de Moratín el muy celebrado cantante de aires andaluces D. Silverio Franconeti de quien hacen grandes elogios los periódicos de Madrid de los días 17, 18 y 19. Nosotros sabemos particularmente que el señor Silverio es una notabilidad en los cantos de la tierra de María Santísima y creemos que será grande la concurrencia que acuda a aplaudirlo.»

Los elogios a los que alude el texto son los ecos de sus dos actuaciones en los salones de Capellanes, los días 12 y 19 de mayo, en compañía del Compare de Córdoba [véase nuestra entrada Silverio (... y compañía) en Capellanes. 1866].


Esperamos que el autor no haya descartado el "antes de Silverio"; hay noticias muy interesantes previas a la comparecencia del cantaor sevillano en la ciudad de los califas. Para muestra, un botón. Un anuncio que hemos encontrado en el Diario de Córdoba del 7 de febrero de 1866: el Sr. Hidalgo -con mucha probabilidad Paco el Sevillano- interpretó varias veces Canto alegre, posiblemente alegrías, tres años antes que el Quiqui las cantara en el Teatro del Balón [véase entrada de Faustino Núñez en el Afinador de Noticias: Cantar por alegre]; Soleá, Caña y Polo de Tobalo; Seguidillas gitanas, Polo del Granadino, los Caracoles y las "Haberas".




El Diario de Córdoba, 7 de febrero de 1866




viernes, 4 de junio de 2010

Trinidad Cuenca en Ciudad de México (actualización)



Actualizamos nuestra entrada del 9/12/2009, enriqueciéndola con la traducción completa del texto de Leavitt, cortesía de don José Luis Navarro -gracias, don José-, quien incluirá los contenidos del blog en la recopilación de datos de La Cuenca que lleva entre manos.

[julio 2010: celebramos la publicación de su interesante artículo en el segundo número de la Revista de Investigación sobre Flamenco La Madrugá: Algunas novedades en torno a la Cuenca].

José Luis Navarro es miembro de número de la cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos Andaluces, del Consejo Internacional de la Danza, del Consejo Asesor de la Bienal de Sevilla y de la Ciudad del Flamenco de Jerez. Asimismo, ha recibido el Premio Demófilo de Investigación, la Insignia de Oro de la Tertulia Flamenca de Enseñantes y el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología.
En la actualidad, colabora en las revistas de flamenco Candil, El Olivo y La Flamenca y pertenece asimismo al consejo de redacción de Cauce y de Flamenco International Magazine. Entre sus publicaciones dedicadas al flamenco destacan 'Aproximación a una Didáctica del Flamenco', 'Cantes y Bailes de Granada', 'El ballet flamenco', 'Tradición y vanguardia. El baile de hoy, el baile de mañana', 'Flamenco en cafés y teatros. Noticias de prensa 1849-1936' y los cincos volúmenes de 'Historia del baile flamenco'.



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En su libro Fifty Years in Theatrical Management, (New York: Broadway Publishing, 1912), el empresario teatral Michael Bennett Leavitt (1843-19¿?) dedica unas páginas a los pormenores de su colaboración artística con Trinidad Cuenca en Ciudad de México, allá por finales de los 80 del siglo XIX. Apuntamos los años 1888-1889 (1) por las alusiones que encontramos en el texto a dos etapas de la vida de Trinidad que se producen poco antes y después de los hechos narrados: sus funciones en el Nouveau Cirque de París -que acontecieron en 1887, figurando a la cabeza de las bailaoras del espectáculo La Feria de Sevilla-, y su muerte en La Habana que José Luis Ortiz Nuevo ha documentado en 1890, según hemos leído en el blog Amigos del Cante.



Fifty Years in Theatrical Management, 1912




...Se me ocurrió que si pudiese encontrar una mujer torero, podría presentar en México una atracción verdaderamente sensacional. Mi agente en Francia recordaba que una intérprete de estas condiciones había tenido mucho éxito en el Nouveau Cirque de París y había regresado a Sevilla, donde él pensaba que estaba trabajando en un circo. Inmediatamente le envié en busca de la mujer, que se llamaba Trinidad Cuenca, y que además de sus hazañas con los toros, era una espléndida bailaora de tangos y probablemente la mejor guitarrista del mundo. Era también una gran intérprete de las canciones de Sevilla. Yo le encarecí a mi agente que la consiguiera a cualquier precio, y a los pocos días recibí noticias de que la había convencido y que llegaría a París con ella dos días después. Cuando mi torera y mi agente llegaron a la estación y pararon enfrente de mi hotel, el Chatham, me di cuenta de que en el coche había también un español de aspecto enorme y llamativo. Enseguida adiviné no solo la relación entre él y Cuenca, sino que me esperaban serios problemas. Acordamos, no obstante, que el español no iría a México y que solo había venido a París con su enamorada para ver que ella recibía un trato justo. Firmé un contrato con la torera y una de sus claras estipulaciones era que ella viajaría sola.
Pensando que era mejor que mis dos atracciones no estuviesen mucho tiempo juntas, dispuse que Mme. D’Escozas [una ilusionista que también había contratado para México] viajase por mar desde Havre a Veracruz y que Cuenca fuese a Nueva York, de tal forma que así pudiese echarle un ojo hasta que la transfiriese a México vía El Paso.
En el último momento, como me imaginaba, apareció el caballero español y su enamorada se negó a hacer el viaje sin él, así que, a la fuerza, él vino también, ocupando la pareja un camarote de 2ª clase. Cuando llegué a Nueva York, recibí un telegrama de mi representante en Veracruz, en el que me decía que Mme. D’Escozas había llegado allí, acompañada por M. Fleuron [su amante]. “Ya tenemos”, me dije, “una situación de lo más embarazosa”.
Pronto trascendió que Fleuron había dejado su trabajo en el Folies Bergere y que había abandonado a su suerte a la Sra. Fleuron y a los cuatro jovencitos Fleuron sin proveer nada para ellos. Todo continuó así hasta el debut de mis dos atracciones en la Ciudad de México, Mme. D’Escozas en el Teatro Principal y Cuenca en la plaza de toros. Las dos causaron sensación, especialmente la torera.
Mazzantini, el famoso toreador, estaba entonces en México y todo el país estaba loco con su maravillosa pericia, lo que naturalmente redoblaba el interés creado con la presentación de una mujer en la plaza de toros. Uno de los periódicos decía entusiásticamente que había habido dos conquistas de México, la primera por Cortés, y la segunda por Cuenca. Todos brindaban por ella, la festejaban y la trataban como a una auténtica reina, algo que no contribuyó a la serenidad de la ilusionista, que sentía que su estrella se eclipsaba.
Una tarde, en el café San Carlos, que estaba abarrotado para la cena, Mme. D’Escozas estaba en el centro de un grupo en una mesa, mientras que Cuenca estaba rodeada de admiradores en otra. Empezaron a pasarse cumplidos de muy dudoso gusto de una a otra mesa, hasta que la escena alcanzó su clímax cuando el acompañante español de mi matadora de toros se levantó con una botella de champagne en la mano y le dio un golpe con ella en la cabeza a M. Fleuron.
Siguió una trifulca que fue sofocada con dificultad por unos soldados, que se llevaron arrestado al español. Las autoridades lo deportaron inmediatamente de México y, por un momento, pensé que mis problemas habían terminado, pero enseguida me enteré de que Fleuron y Mme. D’Escozas habían presentado una denuncia contra mí, en la Ciudad de México, demandándome por la única razón de que habían sido atacados por un miembro de una compañía de la que yo era el empresario.
Después, mi abogado en México (ex juez Spelveda (sic), al que conocí en California) me informó de que el objeto de la denuncia era impedir cualquier reclamación que yo pudiese hacer por el dinero que le había adelantado a la ilusionista y que es innecesario decir que nunca me devolvió.
Poco después, Mme. D’Escozas y Fleuron desaparecieron sin cumplir el contrato que habían firmado conmigo y se marcharon a Puebla (México), donde abrieron un local que fue muy frecuentado por los hombres de la ciudad. Años más tarde, Fleuron regresó a París y se convirtió en director general de El Dorado, reanudando además su vida familiar, y fue muy próspero hasta su muerte. Mme. d’Escozas, sin embargo, permaneció en México.
Cuenca rompió su compromiso conmigo en México, consolando su herido corazón como se suele hacer en estos casos, y se marchó a América Central. Lo próximo que supe de ella es que estaba en La Habana sin un céntimo y gravemente enferma con fiebres. Me suplicó que la trajese a Nueva York y que le diese la oportunidad de demostrar cuánto lamentaba su comportamiento en México conmigo, y, al mismo tiempo, ganar suficiente dinero para devolverme la suma considerable de dinero que me debía.
Le envié el dinero necesario para pagar sus deudas en La Habana y hacer el viaje a Nueva York, donde apareció una mujer arrepentida y muy cambiada, pero sin la garra y la frescura que solía tener su baile. Le arreglé un contrato para el verano con Edward E. Rice en el Manhattan Beach, como cantante y bailarina, con la parodia de la corrida de toros, y luego me marché a Europa. Supe que actuó solo una o dos semanas antes de abandonarlo todo una vez más y regresar a La Habana con alguien que había venido a buscarla de esa ciudad. Allí volvió a enfermar y murió.


miércoles, 9 de diciembre de 2009

Trinidad Cuenca en Ciudad de México



En su libro Fifty Years in Theatrical Management, (New York: Broadway Publishing, 1912), el empresario teatral Michael Bennett Leavitt (1843-19¿?) dedica unas páginas a los pormenores de su colaboración artística con Trinidad Cuenca en Ciudad de México, allá por finales de los 80 del siglo XIX. Apuntamos los años 1888-1889 (1) por las alusiones que encontramos en el texto a dos etapas de la vida de Trinidad que se producen poco antes y después de los hechos narrados: sus funciones en el Nouveau Cirque de París -que acontecieron en 1887, figurando a la cabeza de las bailaoras del espectáculo La Feria de Sevilla-, y su muerte en La Habana que José Luis Ortiz Nuevo ha documentado en 1890, según hemos leído en el blog Amigos del Cante.



Fifty Years in Theatrical Management, 1912
Actualización de la entrada y traducción del texto en este enlace.


domingo, 15 de noviembre de 2009

Bolsa 1876, serie flamenca



Manuel Molina (I)


Sobre la actividad flamenca del año 1876 en el Teatro de la Bolsa de la madrileña calle del Barquillo, José Blas Vega (Los cafés cantantes de Madrid. Guillermo Blázquez, 2006) documentó el anuncio de la actuación del mítico cantaor Manuel Molina de Jerez.



Los cafés cantantes de Madrid, p. 110...



Hoy queremos aumentar el corpus de noticias flamencas de ese año en el citado local. En realidad, el concierto de Molina referido por Blas Vega fue el primero de una serie de al menos tres funciones de cante y baile que acontecieron en mayo y junio.

Para el miércoles 24 de mayo se anunciaba el segundo concierto del género andaluz, por los tan celebrados Manuel Molina, su hijo José, Paco el Sevillano y Francisco Rodríguez (el Malagueño).



La Correspondencia de España, 23 de mayo de 1876




La Correspondencia de España, 24 de mayo de 1876




Y, el 5 de junio, El Toreo confirmó el éxito del tercer concierto que tuvo lugar el día 3, en el que lucieron sus habilidades Paco el Sevillano, Paco el Malagueño, Pepa de Cádiz, Elena de Utrera, Miguel García, Víctor Fernández y la sonanta de Bautista.



El Toreo, 5 de junio de 1876



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(I) Retrato de Manuel Molina de Jerez, gentileza del investigador José Manuel Martín-Barbadillo

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El caso Francisco Antonio de Vega


Por fin estoy leyendo Los cafés cantantes de Madrid (Guillermo Blázquez, 2006), de José Blas Vega, excelente libro de consulta en el que el flamencólogo madrileño nos cuenta los pormenores de estos locales de entretenimiento y conciertos del siglo XIX, todo ello enriquecido con un corpus de noticias flamencas.

Pero todo no está recogido en la obra de don José. Parece que el investigador desconocía el ciclo de flamenco que Silverio inició en el Teatro de la Bolsa como director del cuadro, allá por junio de 1879. Sobre esta etapa de la vida de Franconetti nosotros publicamos una entrada el 31 de mayo, fecha aniversario del principio de las funciones. Tampoco aparece en el libro la gacetilla de La Discusión que detalla el repertorio del cantaor sevillano en Capellanes, en 1866, y que nosotros revelamos en este enlace.
Son ejemplos que nos alientan a seguir investigando las huellas de los jipíos decimonónicos.



El caso Francisco Antonio de Vega.
José Blas Vega y otros investigadores vienen recogiendo en sus libros una escueta gacetilla publicada en La Nación del 8 de octubre de 1849…


… Hace algunos días que se halla en esta Corte el joven sevillano Don Francisco Antonio de Vega, cuyo mérito en el canto andaluz acompañado a la guitarra han elogiado los periódicos de la Andalucía. Parece que pronto tendremos el gusto de oírle.


Hoy desvelaremos parte del misterio que envuelve al citado cantor, publicando el anuncio de un concierto vocal dirigido por él mismo en la fonda de las Peninsulares. Estamos en 1850, canciones andaluzas a tutiplén…



El Clamor público, 8 de junio de 1850

sábado, 31 de octubre de 2009

Café del Príncipe, 1854

A raíz del concierto gitanesco que aconteció en los salones de Vensano (Madrid) en febrero de 1853, se publicaron sendas crónicas en los diarios capitalinos La España y La Nación. El material está transcrito y comentado, entre otros libros, en El flamenco en Madrid (Almuzara, 2006), de José Blas Vega.

En La Nación del 25 de febrero se habla de un proyecto de reformas en el café del Príncipe.

(...) Ignoramos si cuajará el proyecto del empresario, y si tendremos efectivamente conciertos de gitanos en el Café del Príncipe, con sus correspondientes juegos de manos como en épocas anteriores; pero lo que la (sic) podemos asegurar, es que hemos visto a los flamencos muy metidos en harina con los parroquianos más influyentes del establecimiento.


Sobre esta gacetilla, José Blas Vega aclara que: «...no hay constancia de que en el café del Príncipe hubiese flamenco. Dicho café, vulgarmente conocido como El Parnasillo, fue durante su primera época, de 1807 al 23 de agosto de 1848, un célebre café de literatos (...). El café se reabrió en septiembre de 1851, y nuevamente se volvía a reabrir en 1860, (...), pero sin ninguna referencia flamenca.»

Bien, pues hemos localizado una referencia flamenca a dicho café en enero de 1854. Se ocultan los nombres de los protagonistas y no hemos encontrado -hasta ahora- la confirmación del evento. Pero está claro que "los parroquianos más influyentes" a los que aludía la prensa un año antes eran un núcleo de aficionados de tomo y lomo.





Gitanas y flamencos. De un momento a otro deben llegar a esta corte, procedentes de Sevilla, dos de las más jóvenes y lindas bailaoras, acompañadas de otros dos cantaores, cuyos nombres no queremos revelar hasta que, en un círculo de amigos cuyo núcleo se encuentra en el café del Príncipe, den su primera función, costeada por un joven muy conocido en Madrid.



jueves, 21 de mayo de 2009

Acotaciones




En su libro El Rojo el Alpargatero, flamenco (Editorial Almuzara, S.L., 2007), el excelente investigador José Gelardo Navarro dedica un subcapítulo a la aparición del término Cartagenera, referido a un cante, en la prensa murciana de 1886: «La "Cartagenera", cante flamenco-minero. Primera noticia: 1886» (pág. 114).

La gacetilla en la que se apoya Gelardo, publicada en El Diario de Murcia del 4 de septiembre de 1886, se hace eco de una fiesta organizada en Madrid con motivo de un homenaje a periodistas italianos de visita por España. Teatro Felipe... después de la representación de la zarzuela La Gran Vía -que, dicho sea de paso, se estrenó el 2 de julio de ese año, precisamente en ese teatro- lucen sus habilidades los flamencos...


Correspondencia. Madrid 2 de septiembre de 1886.
La "juerga" de Felipe.-
(...) Y después del descanso ordinario se dió principio a la función flamenca, apareciendo en el tablado cantaores y cantaoras (...)
Pertenecía la troupe a lo mas selecto de nuestros cafés de cante, llevando la representación de Romero, Buenavista, Imparcial y Corrales, Paco el Gandul, especie de padre Abraham de estas tribus nómadas, de zapateados y jipíos, el Paquiro y el Feo; Concha Acevedo, cantaora de verdad, que suelta verdaderos raudales de armonía por aquella garganta de oro; Dolores la Gitana, graciosa bayadera de cobriza tez y brillantes ojos negros, que arrancó frenéticos aplausos con su originalísimo baile lleno de indescriptible cadencia, y la Chavala, Paca la Rubia y otras que con sus polos, sus aventajadas malagueñas, tangos y cartageneras contribuyeron a dar a la fiesta marcadísimo carácter clásico de la flamenquería en boga. (...)


Después de revisar las crónicas que sobre la sonada fiesta se escribieron en la prensa madrileña (El Liberal, La Época, El Globo, La República,...), en la que no se hace mención de la Cartagenera, el autor expone los siguientes comentarios:


...Pero hemos de fijar la atención entre el importante matiz que separa lo que dice la gacetilla murciana de El Diario y el resto de la prensa madrileña, pues esta última no habla en ningún momento del cante de la cartagenera y, hasta cierto punto, es normal. Madrid, incluso Andalucía, ignora la gestación de este cante flamenco-malagueño-minero que se está fraguando en el Levante español y en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión (...)
...Por otra parte, ¿quién es esta Concha que aparece en Madrid en 1886? y que es calificada como cantaora de verdad, que suelta verdaderos raudales de armonía por aquella garganta de oro. Con un ligero error en el apellido, podría tratarse de Concha la Peñaranda, y ello por dos razones:
-Presencia en el documento del cante de las cartageneras.
-Caracterización de sus dotes de cantaora, armonía y garganta de oro.


En respuesta a D. José Gelardo, queremos acotar:


  • Que el término Cartagenera, aplicado a un cante, ya se usaba en Madrid desde al menos unos meses antes. Como prueba, una gacetilla publicada en La Correspondencia de España del 24 de junio de 1886 que se hace eco de las representaciones de la zarzuela Flamencomanía. De paso, reseñamos la existencia del cantaor flamenco El segundo Gayarre.



La Correspondencia de España, 24 de junio de 1886



  • Que lo de "ligero error en el apellido" de Concha Acevedo (el apellido de Concha la Peñaranda era Rodríguez) nos parece cuando menos precipitado, toda vez que existen huellas de actuaciones de una Concha Acevedo, como intérprete de zarzuela: la encontramos en 1888 cantando la jota final de la zarzuela Cádiz.



La Época, 1 de abril de 1888




La Época, 23 de septiembre de 1888


miércoles, 13 de mayo de 2009

Salvador Rueda. El café flamenco



Un Salvador Rueda de 29 años nos plasma un retrato de ambiente del madrileño Café Imparcial, situado en la plaza de Matute, uno de los cafés flamencos de la Villa y Corte con más fama y trascendencia. De paso, le hinca el diente a la galería de flamencos que pueblan su tablao.
El café flamenco forma parte de una serie de 14 relatos de corte costumbrista que componen su libro El patio andaluz (Manuel Rosado Editor. Librería Nacional y Extranjera. Madrid, 1886), que el padre del Modernismo español dedicó a sus compañeros de Redacción de El Globo.

Salvador Rueda (Benaque, 1857-Málaga, 1933) colaboró en toda suerte de publicaciones, algunas de las cuales llegaría a dirigir (La Gran Vía o El Imparcial, por ejemplo), en otras desempeñaría el cargo de redactor-jefe (El Globo). Su pluma fue requerida en los diarios más influyentes de su época.