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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Los baúles de la Cuenca




En este último lustro se ha sabido más de Trinidad La Cuenca que en un siglo. En Flamenco de papel llamamos la atención -hace ya unos años- sobre la aventura parisina de la bailora malagueña en 1880 y sus éxitos en Ciudad de México por 1887. Todo esto, y más, está recogido en el trabajo del amigo José Luis Navarro publicado en 2010: ALGUNAS NOVEDADES EN TORNO A LA CUENCA. Y, hace un año, la amiga Ángeles Cruzado profundizó con talento en la vida de la artista, regalándonos una serie de artículos en su estupendo Flamencas por derecho.

Aun así, me sigo emocionando viéndola ahí, solica, con 4 bultos, en esta lista de pasajeros del SS. Manhattan, transitando en el Puerto de Nueva York el 1 de marzo de 1889. Aunque sé y entiendo que estos manifiestos no son la mejor referencia para establecer las edades, los 29 años de Miss T. H. Cuenca no cuadran con la partida de nacimiento que el amigo Manolo Bohórquez publicó en su día en lagazapera.



Miss T. H. Cuenca, Artist









domingo, 18 de mayo de 2014

El Sereno y El Pescadero (definitivo)


La Parrala tocando la guitarra (E. Beauchy)



Las canciones El Sereno y El Pescadero están asociadas en la literatura flamenca a Dolores la Parrala y a su hermana Trinidad, a raíz de las semblanzas que de ambas cantaoras hizo Fernando el de Triana en su archiconocido libro de 1935 Arte y artistas flamencos. Dos canciones que parecen conectadas, como formando parte de un todo.

Refiriéndose a la gran Dolores, escribió Fernando:

«… llegó a cantar con un salero sin igual, la canción del sereno y el pregón del pescadero, preciosas composiciones, perdidas hoy por falta de artistas que las ejecuten, pues entre las pocas que hay, no creo que haya más que una capacitada por su arte y desenvoltura para cantarlas con la gracia que esto requiere, y es la Niña de los Peines, famosa artista que tiene gran habilidad y la voz muy a propósito para esas canciones andaluzas… »


Y sobre Trinidad, apuntó:

«… no tenía rival cantando la canción del Sereno y el pregón del Pescadero. Estos cantes le proporcionaban muchos triunfos, por lo cual nunca le faltaban buenos contratos en todos los cafés cantantes de España.
¡Lástima de cantes tan bonitos que se hayan perdido!… »



Al menos una artista impresionó estos temas en cilindro, una cantaora que destacaba por su extenso repertorio y que ya conocemos en flamencodepapel: Julia Rubio.
Así se desprende de esta lista de fonogramas de la casa valenciana Hércules Hermanos.




Boletín Fonográfico y Fotográfico (Valencia), 30 de marzo de 1901



Aunque no podemos afirmarlo, Dolores la Parrala pudo interpretar el pregón del Pescadero a principios de 1880, en París, cuando ella y sus compañeros la Cuenca y Paco el de Lucena desembarcaron en el teatro Atheneum de la calle de los Mártires, con la compañía de baile y cante de Antonio Calzadilla [vid. nuestras entradas de hace un lustro Les espagnols de la rue des Martyrs].

Se alza el telón y comienza el primer cuadro titulado Un dimanche sur la plage de Malaga (1). A la derecha y en el primer plano aparece el ventorrillo Nuevo. A la izquierda se encuentra el ventorrillo de la Alegría. Al fondo: el mar. Es domingo y el pueblo se divierte bebiendo, cantando y bailando.

Nos informa el cronista Frimousse en Le Gaulois


… En medio de aquellas alegres diversiones, de pronto, llega un canto de la orilla. Es el de un pescador que pregona su mercancía. Le llaman y le invitan a que cante la canción del pescador de Málaga. Él (la Señorita Parrala) acepta la invitación y entona un canto muy extraño y de gran elegancia, que la multitud escucha primero en silencio y después aplaude frenéticamente…



Le Gaulois (París), 10 de enero de 1880




¿Y El Sereno?, me diréis…
Sigamos atentos al espectáculo sin movernos del asiento.

El tercer cuadro reproduce un salón en Sevilla la noche de un día de toros. Manolas, majos y toreros entran cantando en coro la marcha de Pepe-Hillo…


… Los trajes son de una riqueza extraordinaria (…) En la velada destaca un guitarrista, M. Paco de Lucena, que ejecuta variaciones sorprendentes. Los bailes se suceden. La Señorita Cuenca, vestida de torero, simula todas las peripecias del combate (…) El canto del sereno tiene también mucho carácter, y la gran danza andaluza con la que concluye la función tiene un movimiento endiablado…




Le Rappel (París), 15 de enero de 1880




Decíamos al principio que El Sereno y El Pescadero son dos canciones que parecen conectadas, como formando parte de un todo. Y ese todo aconteció por enero de 1880, en un pequeño teatro parisino de la calle de los Mártires que llamaban Atheneum.



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(1) Un domingo en la caleta de Málaga

martes, 15 de junio de 2010

Cuenca la barbiana (1880)

Asta Regia, 2 de febrero de 1880


Saldrán más papeles sobre la aventura artística de Antonio Calzadilla, Trinidad Cuenca y demás españoles de la calle de los Mártires en el París de 1880. Seguro. Queda mucha prensa gala por rastrear. En su obcecación contra el flamenco, un cronista del semanario jerezano Asta Regia nos brindaba información sobre los periódicos que hay que investigar.




viernes, 4 de junio de 2010

Trinidad Cuenca en Ciudad de México (actualización)



Actualizamos nuestra entrada del 9/12/2009, enriqueciéndola con la traducción completa del texto de Leavitt, cortesía de don José Luis Navarro -gracias, don José-, quien incluirá los contenidos del blog en la recopilación de datos de La Cuenca que lleva entre manos.

[julio 2010: celebramos la publicación de su interesante artículo en el segundo número de la Revista de Investigación sobre Flamenco La Madrugá: Algunas novedades en torno a la Cuenca].

José Luis Navarro es miembro de número de la cátedra de Flamencología y Estudios Folclóricos Andaluces, del Consejo Internacional de la Danza, del Consejo Asesor de la Bienal de Sevilla y de la Ciudad del Flamenco de Jerez. Asimismo, ha recibido el Premio Demófilo de Investigación, la Insignia de Oro de la Tertulia Flamenca de Enseñantes y el Premio Nacional de la Cátedra de Flamencología.
En la actualidad, colabora en las revistas de flamenco Candil, El Olivo y La Flamenca y pertenece asimismo al consejo de redacción de Cauce y de Flamenco International Magazine. Entre sus publicaciones dedicadas al flamenco destacan 'Aproximación a una Didáctica del Flamenco', 'Cantes y Bailes de Granada', 'El ballet flamenco', 'Tradición y vanguardia. El baile de hoy, el baile de mañana', 'Flamenco en cafés y teatros. Noticias de prensa 1849-1936' y los cincos volúmenes de 'Historia del baile flamenco'.



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En su libro Fifty Years in Theatrical Management, (New York: Broadway Publishing, 1912), el empresario teatral Michael Bennett Leavitt (1843-19¿?) dedica unas páginas a los pormenores de su colaboración artística con Trinidad Cuenca en Ciudad de México, allá por finales de los 80 del siglo XIX. Apuntamos los años 1888-1889 (1) por las alusiones que encontramos en el texto a dos etapas de la vida de Trinidad que se producen poco antes y después de los hechos narrados: sus funciones en el Nouveau Cirque de París -que acontecieron en 1887, figurando a la cabeza de las bailaoras del espectáculo La Feria de Sevilla-, y su muerte en La Habana que José Luis Ortiz Nuevo ha documentado en 1890, según hemos leído en el blog Amigos del Cante.



Fifty Years in Theatrical Management, 1912




...Se me ocurrió que si pudiese encontrar una mujer torero, podría presentar en México una atracción verdaderamente sensacional. Mi agente en Francia recordaba que una intérprete de estas condiciones había tenido mucho éxito en el Nouveau Cirque de París y había regresado a Sevilla, donde él pensaba que estaba trabajando en un circo. Inmediatamente le envié en busca de la mujer, que se llamaba Trinidad Cuenca, y que además de sus hazañas con los toros, era una espléndida bailaora de tangos y probablemente la mejor guitarrista del mundo. Era también una gran intérprete de las canciones de Sevilla. Yo le encarecí a mi agente que la consiguiera a cualquier precio, y a los pocos días recibí noticias de que la había convencido y que llegaría a París con ella dos días después. Cuando mi torera y mi agente llegaron a la estación y pararon enfrente de mi hotel, el Chatham, me di cuenta de que en el coche había también un español de aspecto enorme y llamativo. Enseguida adiviné no solo la relación entre él y Cuenca, sino que me esperaban serios problemas. Acordamos, no obstante, que el español no iría a México y que solo había venido a París con su enamorada para ver que ella recibía un trato justo. Firmé un contrato con la torera y una de sus claras estipulaciones era que ella viajaría sola.
Pensando que era mejor que mis dos atracciones no estuviesen mucho tiempo juntas, dispuse que Mme. D’Escozas [una ilusionista que también había contratado para México] viajase por mar desde Havre a Veracruz y que Cuenca fuese a Nueva York, de tal forma que así pudiese echarle un ojo hasta que la transfiriese a México vía El Paso.
En el último momento, como me imaginaba, apareció el caballero español y su enamorada se negó a hacer el viaje sin él, así que, a la fuerza, él vino también, ocupando la pareja un camarote de 2ª clase. Cuando llegué a Nueva York, recibí un telegrama de mi representante en Veracruz, en el que me decía que Mme. D’Escozas había llegado allí, acompañada por M. Fleuron [su amante]. “Ya tenemos”, me dije, “una situación de lo más embarazosa”.
Pronto trascendió que Fleuron había dejado su trabajo en el Folies Bergere y que había abandonado a su suerte a la Sra. Fleuron y a los cuatro jovencitos Fleuron sin proveer nada para ellos. Todo continuó así hasta el debut de mis dos atracciones en la Ciudad de México, Mme. D’Escozas en el Teatro Principal y Cuenca en la plaza de toros. Las dos causaron sensación, especialmente la torera.
Mazzantini, el famoso toreador, estaba entonces en México y todo el país estaba loco con su maravillosa pericia, lo que naturalmente redoblaba el interés creado con la presentación de una mujer en la plaza de toros. Uno de los periódicos decía entusiásticamente que había habido dos conquistas de México, la primera por Cortés, y la segunda por Cuenca. Todos brindaban por ella, la festejaban y la trataban como a una auténtica reina, algo que no contribuyó a la serenidad de la ilusionista, que sentía que su estrella se eclipsaba.
Una tarde, en el café San Carlos, que estaba abarrotado para la cena, Mme. D’Escozas estaba en el centro de un grupo en una mesa, mientras que Cuenca estaba rodeada de admiradores en otra. Empezaron a pasarse cumplidos de muy dudoso gusto de una a otra mesa, hasta que la escena alcanzó su clímax cuando el acompañante español de mi matadora de toros se levantó con una botella de champagne en la mano y le dio un golpe con ella en la cabeza a M. Fleuron.
Siguió una trifulca que fue sofocada con dificultad por unos soldados, que se llevaron arrestado al español. Las autoridades lo deportaron inmediatamente de México y, por un momento, pensé que mis problemas habían terminado, pero enseguida me enteré de que Fleuron y Mme. D’Escozas habían presentado una denuncia contra mí, en la Ciudad de México, demandándome por la única razón de que habían sido atacados por un miembro de una compañía de la que yo era el empresario.
Después, mi abogado en México (ex juez Spelveda (sic), al que conocí en California) me informó de que el objeto de la denuncia era impedir cualquier reclamación que yo pudiese hacer por el dinero que le había adelantado a la ilusionista y que es innecesario decir que nunca me devolvió.
Poco después, Mme. D’Escozas y Fleuron desaparecieron sin cumplir el contrato que habían firmado conmigo y se marcharon a Puebla (México), donde abrieron un local que fue muy frecuentado por los hombres de la ciudad. Años más tarde, Fleuron regresó a París y se convirtió en director general de El Dorado, reanudando además su vida familiar, y fue muy próspero hasta su muerte. Mme. d’Escozas, sin embargo, permaneció en México.
Cuenca rompió su compromiso conmigo en México, consolando su herido corazón como se suele hacer en estos casos, y se marchó a América Central. Lo próximo que supe de ella es que estaba en La Habana sin un céntimo y gravemente enferma con fiebres. Me suplicó que la trajese a Nueva York y que le diese la oportunidad de demostrar cuánto lamentaba su comportamiento en México conmigo, y, al mismo tiempo, ganar suficiente dinero para devolverme la suma considerable de dinero que me debía.
Le envié el dinero necesario para pagar sus deudas en La Habana y hacer el viaje a Nueva York, donde apareció una mujer arrepentida y muy cambiada, pero sin la garra y la frescura que solía tener su baile. Le arreglé un contrato para el verano con Edward E. Rice en el Manhattan Beach, como cantante y bailarina, con la parodia de la corrida de toros, y luego me marché a Europa. Supe que actuó solo una o dos semanas antes de abandonarlo todo una vez más y regresar a La Habana con alguien que había venido a buscarla de esa ciudad. Allí volvió a enfermar y murió.


lunes, 14 de diciembre de 2009

Trinidad Cuenca en Ciudad de México (1887)

En nuestro artículo Trinidad Cuenca en Ciudad de México señalamos 1888-1889 como posibles años en los que se produjo la colaboración artística de Trinidad Cuenca con el empresario teatral Michael Bennett Leavitt, en Ciudad de México.

Corregimos el dato a la luz de nueva documentación.

El contrato entre ambos se formaliza el 24 de agosto de 1887, en París. En noviembre del mismo año, Trinidad Cuenca demanda la nulidad del mismo. Dan fe las Actas de Cabildo del Ayuntamiento constitucional de México. Año de 1887.


miércoles, 9 de diciembre de 2009

Trinidad Cuenca en Ciudad de México



En su libro Fifty Years in Theatrical Management, (New York: Broadway Publishing, 1912), el empresario teatral Michael Bennett Leavitt (1843-19¿?) dedica unas páginas a los pormenores de su colaboración artística con Trinidad Cuenca en Ciudad de México, allá por finales de los 80 del siglo XIX. Apuntamos los años 1888-1889 (1) por las alusiones que encontramos en el texto a dos etapas de la vida de Trinidad que se producen poco antes y después de los hechos narrados: sus funciones en el Nouveau Cirque de París -que acontecieron en 1887, figurando a la cabeza de las bailaoras del espectáculo La Feria de Sevilla-, y su muerte en La Habana que José Luis Ortiz Nuevo ha documentado en 1890, según hemos leído en el blog Amigos del Cante.



Fifty Years in Theatrical Management, 1912
Actualización de la entrada y traducción del texto en este enlace.


sábado, 28 de noviembre de 2009

Bolsa 1879, octubre flamenco

Volvemos al madrileño Teatro de la Bolsa al que ya dedicamos dos artículos.
En la entrada de hoy nos detendremos en su programación de género flamenco durante el mes de octubre de 1879. Lo hacemos principalmente por no encontrar testimonio preciso en la obra de referencia Los cafés cantantes de Madrid (Guillermo Blázquez, 2006), de José Blas Vega: en la página 116, el flamencólogo comenta que ...Durante este tiempo se anunciaron hasta ocho conciertos especiales de flamenco, sin ningún otro tipo de detalles.

Detalles los hay, y de calidad. Por las gacetillas que hemos localizado y que exponemos en su orden cronológico desfilan María de la Hera la Loca de Mateos, Paco el de Lucena, Trinidad Cuenca, Carmen Montaño la Romera, Manuel Romero el Artillero -o el Tito-, Joaquín Mendoza, Juan Breva, Manuel Ponce, Antonia Pacheco la Roteña, Concha la Carbonera, etc.



La Iberia, 30 de septiembre de 1879




La Discusión, 3 de octubre de 1879




La Epoca, 3 de octubre de 1879




El Liberal, 8 de octubre de 1879




El Liberal, 9 de octubre de 1879




La Discusión, 10 de octubre de 1879





Amén de la nómina de flamencos, algunas gacetillas anuncian con lujo de detalles el programa de las funciones, dándonos de paso valiosa información sobre el repertorio de cada artista. Como ejemplo de lo expuesto, dos noticias encontradas en La Discusión sobre cuyos contenidos volvamos quizá en otra ocasión.



La Discusión, 24 de octubre de 1879




La Discusión, 1 de noviembre de 1879



miércoles, 11 de noviembre de 2009

Les Espagnols de la rue des Martyrs, 1880 (III/III)


Primera parte, en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (I/III)
Segunda parte, en este enlace:
Les Espagnols de la rue des Martyrs (II/III)

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No sabemos si se conservará en alguna tienda de anticuario, a la espera de un descubridor de tesoros, algún ejemplar del programa que se editó para repartir a la entrada del teatro. Sabemos que el corresponsal Yorick utilizó el impreso para escribir su artículo de El Imparcial del 8 de marzo de 1880, según su propio comentario.

...Justamente á la entrada del teatro pedí y me dieron un programa, que para mi propósito va á servir á las mil maravillas. A la cabeza léese la lista de la compañía.


La crónica de Le Figaro del 15 de enero -cuya imagen incluimos en esta entrada- menciona también dicho documento.

...Uno de los directores de esta empresa, M. Félix Jahyer, que muestra interés por esos españoles como si él mismo lo fuera, ha tenido la ingeniosa idea de escribir un folleto de utilidad para los espectadores que, como él, no saben una palabra de español. Gracias a esta pequeña guía en la que se traducen los cantos y hasta los bailes, se puede seguir la acción fácilmente (...)


La reseña de Yorick aporta también información sobre la concurrencia.

...La gente rica y jóven de la colonia española y americana acude allí todas las noches y la acompaña gran parte de la juventud dorada de París; algunos aplauden y se divierten en gran manera y consideran gran ventura y singular distincion ser presentados particularmente á alguno de los personajes que forman la delegacion de España que da aquellas fiestas.


Vamos a finalizar -hasta más información- nuestro artículo con la noticia que publicó Le Figaro del 15 de enero de 1880, en su sección diaria La Soirée Théâtrale, de la que hemos traducido algunos párrafos. Se desprende que Antonio Calzadilla, Paco de Lucena, la Cuenca, etc. montaron un espectáculo innovador que hará decir al periodista, para concluir: «...hasta esta noche, no había comprendido tan bien el significado de las castañuelas.»



Le Figaro, 15 de enero de 1880


Empezaré diciendo que los Españoles en cuestión son Españoles verdaderos.
Españoles que no han venido a París para la fiesta del Hipódromo; Españoles totalmente imprevistos a los que ningún comité ni subcomité tendrá que pagar los gastos.
Pero el imprevisto es uno de los principales atractivos de la vida parisina. Si me hubiesen dicho, hace ocho días, que yo iba a pasar una noche en ese pequeño local de la calle de los Mártires que llaman el Athenaeum, me hubiesen sorprendido. Si hubiesen añadido que iba a ver bailarines españoles me hubiesen dejado estupefacto.
En efecto, si hay algo que parecía irrevocablemente pasado de moda de este lado de los Pirineos, eran los bailarines y cantantes españoles.
Estábamos cansados de boleros, hartos de malagueñas, agobiados de seguidillas. Ningún director se habría atrevido a introducir el mínimo paso español en un espectáculo. Solo la idea de tener que volver a oír cascabeles, panderetas y castañuelas nos producía crispaciones nerviosas (...)

Los bailarines del empresario Calzadilla no se parecen a los que hemos visto hasta ahora más que en las castañuelas y las panderetas. (...) representan pequeñas escenas costumbristas populares absolutamente encantadoras. (...)
El primer ballet, un Domingo en la playa de Málaga, está lleno de sorpresas. Serenatas en los ventorrillos, olés canallas (...) extrañas melopeas que ejecutan con voz singularmente chillona; gritos salvajes y palmadas; esa mezcla verdaderamente sobrecogedora de gitanas y guitarristas, tangos, habaneras, cantos extraños (...) aventaja en originalidad todo lo que he visto en este género. Les recomiendo especialmente un paso bailado encima de una mesa de madera blanca por una mujer con un vestido largo de seda (...)




lunes, 9 de noviembre de 2009

Les Espagnols de la rue des Martyrs, 1880 (II/III)


Primera parte, en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (I/III)
Tercera parte en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (III/III)

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Cuando el empresario don Antonio Calzadilla se presenta en París en enero de 1880 con su compañía de baile y cante, aún retumban en la ciudad del Sena los ecos de la fiesta española acontecida en el Hippodrome la noche del 18 de diciembre. Más de veinte mil personas habían asistido en su recinto a la velada organizada para el socorro de los inundados de las provincias de Levante. Para la ocasión, afamados toreros y flamencos habían lucido sus habilidades. Así lo contaba, entre otros periódicos, La Iberia del 20 de diciembre de 1879.


...El entusiasmo subió de punto ante la aparición de las cuadrillas de toreros. Entran con incomparable gallardía los espadas Gonzalo Mora, el Gordito, Lagartijo y Angel Pastor, seguidos de los alguaciles, picadores, banderilleros y mulillas, y escoltados por los guitarristas flamencos al son de alegres aires españoles. (...) Detrás de la cuadrilla y entre la orquesta de guitarras van los cantaores: cuatro mujeres y cuatro hombres. De éstos citaré a Romero y de aquellas á la María, bien conocidos de los aficionados al cante flamenco. (...) Canto y baile flamencos, repetidos a instancias del público, que parece enloquecido por el entusiasmo.


Por La Iberia del 25 de enero nos enteramos que Calzadilla y su troupe cambian de local para continuar sus representaciones. Del Atheneum de la calle de los Mártires pasan al teatro de la rue Taitbout.






En este segundo local los verá Yorick (seudónimo del corresponsal de El Imparcial) en el mes de marzo. De su crónica -de estilo dudoso y con buena dosis de sorna- publicada el día 8 en El Imparcial sacamos unos párrafos.


...Mr Paco de Lucena, coge la guitarra y principia á tocar, mientras al compás bailan unos cuantos monsieurs y mademoiselles.
Pero no tardan los bailarines en cansarse; hay allí, sin embargo, y por fortuna, un buen mozo que va á salvar el honor español, haciendo ver a esos gabachos lo que semos la gente de la tierra. El buen mozo se llama mademoiselle Cuenca, tiene un cuerpo bonito hasta dejárselo de sobra, y va á emprender la diversion favorita de las veladas sevillanas; ¡va á jugar al toro!
Con airoso paso da primero la vuelta al redondel y saluda á la presidencia. Coge luego la capa y se la tira al toro, llamándole á la lucha. Un bailarin se acerca y hace de picador de á caballo (!), sosteniendo en una mano las riendas y en la otra la pica de combate: la lucha principia, el toro embiste, y de una cabezada hiere al caballo del picador, simpático personaje que se levanta ayudado por dos toreros entre la conmiseración de las damas de palcos y butacas. Llegan los banderilleros, armados cada uno de dos banderas (!) con punta de hierro; se lanzan sobre el animal y se las hunden en el cuello (¡bárbaros!). Toca por último su turno al matador, que armado de espada y de bandera (¡ni que fuera cada torero una casa recien acabada!), obliga al toro a aceptar la lucha, le persigue y acaba por tenderle de un volapié o de una arrancando.
La gente aplaude, vuelve á empezar la zambra y el jaleo, y el telon cae sobre los últimos compases de un bailoteo desenfrenado.


Que sepamos, estas actuaciones de la Cuenca en el París de 1880 no estaban registradas. Había datos documentales de otras actuaciones suyas en la capital francesa, en 1887.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Les Espagnols de la rue des Martyrs, 1880 (I/III)


Segunda parte, en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (II/III)
Tercera parte en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (III/III)

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En enero de 1880, la compañía española de baile y cante de don Antonio Calzadilla desembarca en París en el teatro del Atheneum, calle de los Mártires, con un ballet... flamenco. Hemos dicho ballet flamenco -quizá el primero de la historia- midiendo nuestras palabras, ya que la prensa francesa se refiere a la función como "ballet", y, como se verá, flamencos son sus protagonistas.

El espectáculo se divide en tres cuadros; el primero, de costumbres andaluzas, representa un domingo en la caleta de Málaga (se tituló "Un Dimanche sur la plage de Malaga" en el programa que se tradujo al francés para la ocasión). El segundo cuadro: costumbres de Cuba, una escena en la que todos los personajes son negros y cuyo tema principal es el tango Ábreme la puerta. El tercer cuadro reproduce un salón en Sevilla, la noche de un día de toros.

Hasta España llegarán los ecos del éxito...



Diario oficial de avisos de Madrid, 21 de enero de 1880


Entre el personal escogido con mucho esmero se encuentran flamencos de lujo: el guitarrista Paco de Lucena, la cantaora la Parrala y la bailaora Trinidad Huertas la Cuenca.



La Iberia, 15 de enero de 1880