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martes, 15 de junio de 2010

Cuenca la barbiana (1880)

Asta Regia, 2 de febrero de 1880


Saldrán más papeles sobre la aventura artística de Antonio Calzadilla, Trinidad Cuenca y demás españoles de la calle de los Mártires en el París de 1880. Seguro. Queda mucha prensa gala por rastrear. En su obcecación contra el flamenco, un cronista del semanario jerezano Asta Regia nos brindaba información sobre los periódicos que hay que investigar.




sábado, 12 de junio de 2010

María la Bonita (y II)

Cirque des Champs-Élysées (1841-1898)


Viene de María la Bonita (I)

Sin duda, los bailes con los que la sevillana María Martínez la Bonita embelesó a los parisinos durante la primavera de 1891 debieron ser muy distintos de los que ejecutó su paisana Juana la Macarrona dos años antes: en la Exposición Universal de 1889, celebrada en la capital del Sena, la joven bailaora gitana había electrizado a los galos con sus tangos –entre otros bailes- y su garra flamenca.

El diario La Epoca del 17 de junio comentaba que María la Bonita, aunque representante de nuestro arte flamenco, es en París algo así como una reacción contra los bailes descocados y naturalistas…, y, en su crónica en El Imparcial del 15 de junio, Monday, el corresponsal, se aventuraba en la comparación:

María la Bonita ha dado a conocer un género que ignoraban los que habían visto a la Macarrona y creían que los bailes españoles se reducían a aquel tango bestial de las gitanas de la Exposición...

Publicamos su artículo completo: ecos del flamenquismo en el París de 1891, pelos y señales sobre lo que podríamos llamar… "Bonitamanía".

Lo que no ha logrado España con su arte ni con su literatura: influir en el moderno espíritu francés, atraer el público, fijar su atención, merecer su estima, lo está consiguiendo el hijo bastardo del carácter nacional, el flamenquismo.
No hablemos de los toros, ni de los toreros. Estos han tomado ya carta de naturaleza en el mundo en miniatura del bulevard, que es el compendio del mundo grande de París. Ni la fisonomía, ni el traje, ni los modales del chulo producen la sorpresa y el recelo que causaban en un principio. (…)
Pero ahora no se trata solo de los toros. El flamenquismo ha invadido la escena, donde los artistas franceses remedan los gestos, las contorsiones y hasta el acento del canto y del baile «jondos». Melle. Larive se ha hecho una reputación con sus humoradas andaluzas; Naya es aclamada todas las noches en el Horloge con su canción del Picadore. Julia Soria se jalea que es un gusto en los salones comme il faut, donde precede al sarao una representación en que toman parte Reichemberg y Coquelin. La Otero, de regreso de Nueva York, fue saludada al presentarse en la batalla de flores como tal vez no saludarán a Sarah Bernhardt cuando vuelva de su expedición a América. Hoy la prensa dedica su soirée teatral a consignar la aparición de otra estrella flamenca: María la Bonita, bautizada así por Eusebio Blasco, que la ha lanzado de porrazo en el mundo artístico de París, sacándola de la negra miseria en que vivía a los rempladores de un triunfo embriagador. (…)



El Imparcial, 15 de junio de 1891




jueves, 10 de junio de 2010

María la Bonita (I)



Sabemos que en 1891 triunfó en París, donde el flamenquismo había invadido la escena, una bailaora cuyo nombre de guerra era María la Bonita. Pero, ¿tenemos la certeza, como se ha apuntado en alguna ocasión, de que se trataba de María Ruiz la Bonita, la bailaora malagueña cuya semblanza haría Fernando el de Triana en su Arte y artistas flamencos? En palabras del trianero, María Ruiz fue una verdadera belleza malagueña [que] honró a la tierra de los boquerones, tanto por su depurado arte de excelente bailaora como por su figura y cara gitana, sin serlo.

En la Gazette Anecdotique del 30 de junio de 1891 encontramos información sobre el nombre, apellido y edad de la «Bonita» que cosechó los éxitos en la ciudad del Sena:




El 11 de junio, en el Circo de los Campos Elíseos, debut de una bailaora española, cuyo éxito ha sido inmenso. Se presenta con el nombre de María la Bonita; ya bailaba en España con el nombre de María de la Paz, y su nombre de pila es, en realidad, María Martínez. Tiene 22 años (...)



El diario La Epoca del 23 de mayo dio fe de su actuación en una fiesta privada. Según la gacetilla, sevillana era:

Nos escriben de París que el director-propietario de l’Indépendance Belge invitó el día 20 por la noche en su precioso hotel de la rue de Galileo a sus numerosos amigos a una brillante soirée, que comenzó a las once y terminó al rayar el alba. (…) El clou de la noche fueron las danzas españolas y el cante flamenco puro, sin las exageraciones a que se acostumbraron los parisienses durante la última Exposición Universal. La heroína de este baile fue una encantadora sevillana llamada María la bonita, que sabe cautivar a los espectadores sin salirse jamás de los límites del decoro y de la decencia (...)


Sigue en María la Bonita (y II)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Les Espagnols de la rue des Martyrs, 1880 (III/III)


Primera parte, en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (I/III)
Segunda parte, en este enlace:
Les Espagnols de la rue des Martyrs (II/III)

***


No sabemos si se conservará en alguna tienda de anticuario, a la espera de un descubridor de tesoros, algún ejemplar del programa que se editó para repartir a la entrada del teatro. Sabemos que el corresponsal Yorick utilizó el impreso para escribir su artículo de El Imparcial del 8 de marzo de 1880, según su propio comentario.

...Justamente á la entrada del teatro pedí y me dieron un programa, que para mi propósito va á servir á las mil maravillas. A la cabeza léese la lista de la compañía.


La crónica de Le Figaro del 15 de enero -cuya imagen incluimos en esta entrada- menciona también dicho documento.

...Uno de los directores de esta empresa, M. Félix Jahyer, que muestra interés por esos españoles como si él mismo lo fuera, ha tenido la ingeniosa idea de escribir un folleto de utilidad para los espectadores que, como él, no saben una palabra de español. Gracias a esta pequeña guía en la que se traducen los cantos y hasta los bailes, se puede seguir la acción fácilmente (...)


La reseña de Yorick aporta también información sobre la concurrencia.

...La gente rica y jóven de la colonia española y americana acude allí todas las noches y la acompaña gran parte de la juventud dorada de París; algunos aplauden y se divierten en gran manera y consideran gran ventura y singular distincion ser presentados particularmente á alguno de los personajes que forman la delegacion de España que da aquellas fiestas.


Vamos a finalizar -hasta más información- nuestro artículo con la noticia que publicó Le Figaro del 15 de enero de 1880, en su sección diaria La Soirée Théâtrale, de la que hemos traducido algunos párrafos. Se desprende que Antonio Calzadilla, Paco de Lucena, la Cuenca, etc. montaron un espectáculo innovador que hará decir al periodista, para concluir: «...hasta esta noche, no había comprendido tan bien el significado de las castañuelas.»



Le Figaro, 15 de enero de 1880


Empezaré diciendo que los Españoles en cuestión son Españoles verdaderos.
Españoles que no han venido a París para la fiesta del Hipódromo; Españoles totalmente imprevistos a los que ningún comité ni subcomité tendrá que pagar los gastos.
Pero el imprevisto es uno de los principales atractivos de la vida parisina. Si me hubiesen dicho, hace ocho días, que yo iba a pasar una noche en ese pequeño local de la calle de los Mártires que llaman el Athenaeum, me hubiesen sorprendido. Si hubiesen añadido que iba a ver bailarines españoles me hubiesen dejado estupefacto.
En efecto, si hay algo que parecía irrevocablemente pasado de moda de este lado de los Pirineos, eran los bailarines y cantantes españoles.
Estábamos cansados de boleros, hartos de malagueñas, agobiados de seguidillas. Ningún director se habría atrevido a introducir el mínimo paso español en un espectáculo. Solo la idea de tener que volver a oír cascabeles, panderetas y castañuelas nos producía crispaciones nerviosas (...)

Los bailarines del empresario Calzadilla no se parecen a los que hemos visto hasta ahora más que en las castañuelas y las panderetas. (...) representan pequeñas escenas costumbristas populares absolutamente encantadoras. (...)
El primer ballet, un Domingo en la playa de Málaga, está lleno de sorpresas. Serenatas en los ventorrillos, olés canallas (...) extrañas melopeas que ejecutan con voz singularmente chillona; gritos salvajes y palmadas; esa mezcla verdaderamente sobrecogedora de gitanas y guitarristas, tangos, habaneras, cantos extraños (...) aventaja en originalidad todo lo que he visto en este género. Les recomiendo especialmente un paso bailado encima de una mesa de madera blanca por una mujer con un vestido largo de seda (...)




lunes, 9 de noviembre de 2009

Les Espagnols de la rue des Martyrs, 1880 (II/III)


Primera parte, en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (I/III)
Tercera parte en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (III/III)

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Cuando el empresario don Antonio Calzadilla se presenta en París en enero de 1880 con su compañía de baile y cante, aún retumban en la ciudad del Sena los ecos de la fiesta española acontecida en el Hippodrome la noche del 18 de diciembre. Más de veinte mil personas habían asistido en su recinto a la velada organizada para el socorro de los inundados de las provincias de Levante. Para la ocasión, afamados toreros y flamencos habían lucido sus habilidades. Así lo contaba, entre otros periódicos, La Iberia del 20 de diciembre de 1879.


...El entusiasmo subió de punto ante la aparición de las cuadrillas de toreros. Entran con incomparable gallardía los espadas Gonzalo Mora, el Gordito, Lagartijo y Angel Pastor, seguidos de los alguaciles, picadores, banderilleros y mulillas, y escoltados por los guitarristas flamencos al son de alegres aires españoles. (...) Detrás de la cuadrilla y entre la orquesta de guitarras van los cantaores: cuatro mujeres y cuatro hombres. De éstos citaré a Romero y de aquellas á la María, bien conocidos de los aficionados al cante flamenco. (...) Canto y baile flamencos, repetidos a instancias del público, que parece enloquecido por el entusiasmo.


Por La Iberia del 25 de enero nos enteramos que Calzadilla y su troupe cambian de local para continuar sus representaciones. Del Atheneum de la calle de los Mártires pasan al teatro de la rue Taitbout.






En este segundo local los verá Yorick (seudónimo del corresponsal de El Imparcial) en el mes de marzo. De su crónica -de estilo dudoso y con buena dosis de sorna- publicada el día 8 en El Imparcial sacamos unos párrafos.


...Mr Paco de Lucena, coge la guitarra y principia á tocar, mientras al compás bailan unos cuantos monsieurs y mademoiselles.
Pero no tardan los bailarines en cansarse; hay allí, sin embargo, y por fortuna, un buen mozo que va á salvar el honor español, haciendo ver a esos gabachos lo que semos la gente de la tierra. El buen mozo se llama mademoiselle Cuenca, tiene un cuerpo bonito hasta dejárselo de sobra, y va á emprender la diversion favorita de las veladas sevillanas; ¡va á jugar al toro!
Con airoso paso da primero la vuelta al redondel y saluda á la presidencia. Coge luego la capa y se la tira al toro, llamándole á la lucha. Un bailarin se acerca y hace de picador de á caballo (!), sosteniendo en una mano las riendas y en la otra la pica de combate: la lucha principia, el toro embiste, y de una cabezada hiere al caballo del picador, simpático personaje que se levanta ayudado por dos toreros entre la conmiseración de las damas de palcos y butacas. Llegan los banderilleros, armados cada uno de dos banderas (!) con punta de hierro; se lanzan sobre el animal y se las hunden en el cuello (¡bárbaros!). Toca por último su turno al matador, que armado de espada y de bandera (¡ni que fuera cada torero una casa recien acabada!), obliga al toro a aceptar la lucha, le persigue y acaba por tenderle de un volapié o de una arrancando.
La gente aplaude, vuelve á empezar la zambra y el jaleo, y el telon cae sobre los últimos compases de un bailoteo desenfrenado.


Que sepamos, estas actuaciones de la Cuenca en el París de 1880 no estaban registradas. Había datos documentales de otras actuaciones suyas en la capital francesa, en 1887.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Les Espagnols de la rue des Martyrs, 1880 (I/III)


Segunda parte, en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (II/III)
Tercera parte en este enlace: Les Espagnols de la rue des Martyrs (III/III)

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En enero de 1880, la compañía española de baile y cante de don Antonio Calzadilla desembarca en París en el teatro del Atheneum, calle de los Mártires, con un ballet... flamenco. Hemos dicho ballet flamenco -quizá el primero de la historia- midiendo nuestras palabras, ya que la prensa francesa se refiere a la función como "ballet", y, como se verá, flamencos son sus protagonistas.

El espectáculo se divide en tres cuadros; el primero, de costumbres andaluzas, representa un domingo en la caleta de Málaga (se tituló "Un Dimanche sur la plage de Malaga" en el programa que se tradujo al francés para la ocasión). El segundo cuadro: costumbres de Cuba, una escena en la que todos los personajes son negros y cuyo tema principal es el tango Ábreme la puerta. El tercer cuadro reproduce un salón en Sevilla, la noche de un día de toros.

Hasta España llegarán los ecos del éxito...



Diario oficial de avisos de Madrid, 21 de enero de 1880


Entre el personal escogido con mucho esmero se encuentran flamencos de lujo: el guitarrista Paco de Lucena, la cantaora la Parrala y la bailaora Trinidad Huertas la Cuenca.



La Iberia, 15 de enero de 1880