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viernes, 13 de julio de 2018

Madrid de noche - Los Cafés cantantes

Uno de los guitarristas podría ser el mítico Ángel de Baeza...


Las páginas del diario El Gráfico (Madrid) del 29 de octubre de 1904 contienen un insólito reportaje sobre los locales flamencos de la Villa y Corte, realzado con tres interesantes instantáneas del fotógrafo L. Sánchez: el Café de la Encomienda, el Café de Naranjeros y el Café de la Victoria, por cuyas tablas -como es sabido- pasaron  muchos flamencos históricos.

Parco de estilo, poco elegante, el texto tiene sin embargo la virtud de ir al grano. Y es que, a la sazón, estos locales eran tema de plena actualidad.



El Gráfico, 29 de octubre de 1904

[pincha la imagen para agrandarla]





Del escrito me quedo con la alusión al tocaor el Baeza, con mucha probabilidad el reputado Ángel de Baeza, de quien poco sabemos. SÁNCHEZ pudo ser su primer apellido… vean si no esta gacetilla de 1901, donde también aparece el afamado bailaor Pichiri, otro olvidado:


 “El tocador Ángel Sánchez, de Baeza, hizo filigranas en la guitarra”




La Correspondencia de España, 13 de septiembre de 1901


domingo, 16 de diciembre de 2012

El Invencible



Con este nombre encontramos anunciado en 1891 el café cantante sito en el número 23 de la gaditana calle de San Juan, aunque entendemos que el local ya funcionaba como tal en 1889: véase nuestra entrada de hace unos días, donde además de Fosforito y Carito lucían sus habilidades el guitarrista José María Tapia y Carmen la Rubia –¿Carmen Manjón, la Rubia de Cádiz?-, entre otros.



La Palma de Cádiz, 15 de noviembre de 1889





A finales de enero de 1891, la empresa presentó un nuevo cuadro flamenco con un bonito ramillete de artistas.



La Palma de Cádiz, 25 de enero de 1891


lunes, 13 de septiembre de 2010

Café Silverio (1875). Actualización

Actualizamos nuestra entrada del 9-VIII-2010 con una traducción del texto de Apeles Mestres, cortesía de José Manuel Colubi. Nuestro agradecimiento a don José Manuel y a José Luis Navarro, por las gestiones.


En una de sus Cartas de viatje sobre Sevilla, aparecida en la revista catalana de literatura, ciencias y artes La Renaxensa del 15-VII-1875, Apeles Mestres nos transporta al Café Silverio, con su techo ahumado, sus cañas de manzanilla, sus bailaoras y los ayes de los cantaores ...más largos que una cuaresma.

Apuntamos una frase del Silverio de 1875, quien amablemente conversó con nuestro visitante:



«Yo só com en Tamberlick; el mérit ya s’en ha anat, no mès ’ns quèda la fama…»



«Yo soy como don Tamberlick; el mérito ya se ha ido, solo nos queda la fama…»




La Renaxensa, 15 de julio de 1875



...Y ya que se trata de ver a extranjeros entusiasmados, trasportémonos a un café cantante a ver baile flamenco; al Café de Silverio, por ejemplo. Bajo un techo ennegrecido por el humo os situáis entre majas adornadas con ramilletes de rosas y majos que con el sombrero inclinado hacia el pescuezo, las obsequian ofreciéndoles cañas. En un ángulo del salón, sobre un pequeño tablao y bajo un dosel de muchos colores, se sientan alineados los bailarines y cantaores. Antes que el baile, quiero explicaros las etiquetas que en semejantes lugares deben guardarse.
¿Qué vais a tomar? Naturalmente, manzanilla. Pedid, pues, lo menos que puede pedirse, media docena de cañas, que se sirven en una cañera; -ya sabéis todos que las cañas no son más que vasos estrechos y alargados. Antes de beber sería la peor grosería no ofrecerles a las majas que tenéis más cerca. Si aceptan la oferta—como es costumbre—probad el licor y entregarles la caña. Entonces, la maja tira la manzanilla al aire y la recoge con la caña sin que se pierda una gota, y aprovechando la espuma que hace el líquido revuelto, se lo bebe de un solo trago, dejando siempre algo así como medio dedo. Todas estas reglas de urbanidad y buen sentido es preciso aprenderlas o si no, haréis el triste papel de un pobre hombre puesto en sociedad. Por otra parte, las majas, y sobre todo los majos que están a tu alrededor os obsequian continuamente ofreciéndoos una caña tras otra. Como comprenderéis el número de cañas que vacía cada gaznate cada noche es desorbitado, pero la manzanilla difícilmente se sube a la cabeza.
De repente, se oye la guitarra, las manos y los pies repican encima del tablao. Se para en seco toda la algazara y la atención y las miradas se fijan unánimes en los actores. Al cabo de una hora de preludiar la guitarra, el Cantaor rompe con un ¡ay! más largo que una cuaresma; el guitarrista rasguea sin parar y finalmente comienza aquel canto monótono para los profanos, tan arrebatador para los diletantti, en el cual con cuatro versos o tres os entretienen un cuarto de hora; el cantaor tiene en mano un bastoncito con el que va marcando, en el suelo o en el listón de la silla, según lo requiere el caso; porque, si pensáis que es cosa de tomarlo a broma, os disuadiría la gravedad germánica del cantaor, tocaor, y de los que con palmas armonizadas convenientemente forman en cierto modo el coro, la rojez del primero que se desgañita aguantando la respiración todo el tiempo posible –esta es la gran cualidad de un buen cantaor— y finalmente la atención por nada interrumpida de los que escuchan. Al acabarse la estrofa, el auditorio rompe en golpes y ¡olés! estrepitosos y los bailarines se plantan de un salto en medio de las mesas. Luego, se bailan estos bailes que de solo verlos aturden y emborrachan. Imaginaros la tarántula, las bayaderas, las bacantes en las orgías celebradas en honor de Príapo. Solo así podréis comprender lo que tienen de delirante, de vertiginoso, de voluptuoso aquellos jaleos. Después del baile los bailarines quedan rendidos y jadeantes… Yo estaba aturdido. Me figuraba despertar de un sueño. –¡Esto nada! —me dice una maja que tenía a mi lado, refiriéndose a la bailarina— para bailar no se ha visto nada como la ****, pero un día bailando se le cayó una liga, era un trozo de cinta, y no ha vuelto a bailar más de avergonzada que está.
En un intermedio, el mismo Silverio, el más acreditado cantaor de Andalucía, vino a honrarnos a nuestra propia mesa, aceptándonos una cañita. Después de contarnos su larga carrera artística acabó diciendo: -Yo soy como don Tamberlick; el mérito ya se ha ido, solo nos queda la fama.
En estos lugares un borracho es una cosa extraordinaria, pero si hay alguno que promueva un escándalo es inmediatamente expulsado de la sala.
En la carta próxima, acabaré de hablar de Sevilla y nos llegaremos a visitar las ruinas de Itálica y el Monasterio de San Isidoro del Campo.


Que sepamos, sobre este primer local de Silverio sito en la calle Tarifa (antiguo Salón del Recreo) existen dos textos publicados en la misma década que el que nos ocupa: una despiadada descripción por Agustín Moyano aparecida en el Boletín Gaditano de junio de 1878 (1), y unos apuntes de Olivares de la Peña en El Mundo en la mano, también de 1878 (2).

Ciertas concordancias nos hacen sospechar que Olivares de la Peña se inspiró en el texto de Apeles Mestres.

Mestres: «Bajo un techo ennegrecido por el humo os situáis entre majas adornadas con ramilletes de rosas y majos que con el sombrero inclinado hacia el pescuezo, las obsequian ofreciéndoles cañas...»

Olivares de la Peña: « ...de espesa atmósfera y techo ahumado. Hallamos todas las mesas ocupadas por graciosas majas cubiertas de flores, y chulos que con el sombrero gacho sobre la nuca se esmeraban en obsequiarlas, ofreciéndolas con garboso gesto cañas de manzanilla...»

Mestres: « ...la rojez del primero que se desgañita aguantando la respiración todo el tiempo posible –esta es la gran cualidad de un buen cantaor-...»

Olivares de la Peña: « ...-que en respirar todo lo menos posible estriba la gracia del buen cantaor-, cárdeno el semblante...»



(1) vid. Gamboa: Una historia del flamenco, Espasa Calpe, 2005, pág. 306
(2) vid. José Luis Navarro: De Telethusa a La Macarrona. Bailes andaluces y flamencos, Portada Editorial, 2002, págs. 279 y 287


martes, 24 de agosto de 2010

Un texto de Pierre Loti

Sello de 1937 con la efigie del escritor


El semanario La Revista Moderna del 3 de septiembre de 1898 publicó un artículo -traducido expresamente para la ocasión- del a la sazón ya ilustre escritor galo Pierre Loti (Julien Viaud, 1850-1923). El texto se integraría en su libro Reflets sur la sombre route (París, 1899), cuya traducción al castellano se titula Reflejos en la senda obscura (Barcelona, 1924).

Una visión agridulce de un café cantante madrileño en las postrimerías del siglo XIX. Curiosamente, el relato se ilustra con una fotografía del sevillano Café del Burrero.



La Revista Moderna, 3 de septiembre de 1898



Lástima que las imágenes de la segunda página no tengan leyenda.

lunes, 9 de agosto de 2010

Café Silverio (1875)



En una de sus Cartas de viatje sobre Sevilla, aparecida en la revista catalana de literatura, ciencias y artes La Renaxensa del 15-VII-1875, Apeles Mestres nos transporta al Café Silverio, con su techo ahumado, sus cañas de manzanilla, sus bailaoras y los ayes de los cantaores ...más largos que una cuaresma.

Apuntamos una frase del Silverio de 1875, quien amablemente conversó con nuestro visitante:

«Yo só com en Tamberlick; el mérit ya s’en ha anat, no mès ’ns quèda la fama…»



La Renaxensa, 15 de julio de 1875



Completamos la entrada con una traducción del texto al castellano en este enlace.

viernes, 2 de julio de 2010

Silverio Franconetti en Madrid, noticias inéditas (1870)


Se sabía que Silverio actuó en Madrid en los años 1866, 1867 y 1879.

Hemos encontrado una gacetilla en el diario La Correspondencia de España que da fe de su presencia en la Villa y Corte, con toda su compañía, en mayo de 1870. Publicamos la noticia que ampliaremos en una próxima entrada.



La Correspondencia de España, 5 de mayo de 1870




OJO

AFICIONADOS AL CANTE Y BAILE andaluz.- Acaba de llegar a esta capital el acreditado artista de cante andaluz, D. Silverio Franconetti, con toda su compañía, para dar un corto número de conciertos en el café de San Fernando, calle de Mesón de Paredes. Esta funcionará en compañía de la que hoy existe en dicho café, de 8 ½ a una de la noche, desde hoy 5 de mayo. Los dueños de dicho café no han escaseado nada, hasta conseguir la compañía citada, tan deseada del público madrileño.


jueves, 28 de enero de 2010

Punto y aparte. Sólo cante y toque


1864. Plaza de San Marcial. Fotografía de Begué (flickr.com)


De "verdadera novedad en Madrid" es calificado el cuadro flamenco contratado por el flamante dueño del madrileño café San Marcial (Plaza de San Marcial, 2) en mayo de 1892. Entendemos que la novedad del espectáculo consistía en ofrecer cantes más variados y no programar baile.

Para romper moldes, la empresa cuenta con figuras consolidadas y valores en alza: Antonio Revuelta, Francisco Lema Fosforito, José Fernández Martín y Antonio Pozo Mochuelo.
¡Lástima!... faltan los nombres de los dos tocaores...


El Heraldo de Madrid, 25 de mayo de 1892



Por gastar el mismo apodo que un ladronzuelo, nos enteramos que el Mochuelo sigue en el café San Marcial a finales de julio...


El Liberal, 21 de julio de 1892

sábado, 21 de noviembre de 2009

Lisboa 2008, Lisboa 1888

Un guiño de Flamenco de papel...

-2008-



El guitarrista Pepe Habichuela abre hoy la primera edición del Festival Flamenco de Lisboa, cuyo programa incluye actuaciones del cantaor Miguel Poveda y la bailaora Fuensanta La Moneta. El director del festival, Francisco Carvajal, dijo en el acto de presentación, que tuvo lugar en la sede del Instituto Cervantes de Lisboa, que la cita nace con un objetivo de continuidad y permitirá acercar el arte del flamenco a los portugueses. El programa, explicó, se desarrollará en el Aula Magna de la Universidad de Lisboa. (29.03.2008 - EFE)


-1888-



Lisboa, 30.- Por providencia del gobernador civil de esta capital se ha prohibido que las muchachas sirvan en los cafés, se sienten á la mesa con los parroquianos, toquen instrumentos y canten.
Esta disposicion se refiere principalmente á las camareras españolas y á las que se consagran al cante y baile flamencos en muchos cafés de Lisboa. (31.08.1888 - El Siglo futuro)


El flamenquismo en Lisboa. Lisboa 31.- La medida adoptada por el gobernador de Lisboa respecto de los cafés cantantes, tiene por principal objeto poner un correctivo al cante y baile flamenco, importación española que había tomado incremento en esta ciudad.
El gobernador se propone además evitar ciertos hechos que redundaban en menoscabo de las buenas costumbres. (01.09.1888 - La Iberia)

domingo, 15 de noviembre de 2009

Bolsa 1876, serie flamenca



Manuel Molina (I)


Sobre la actividad flamenca del año 1876 en el Teatro de la Bolsa de la madrileña calle del Barquillo, José Blas Vega (Los cafés cantantes de Madrid. Guillermo Blázquez, 2006) documentó el anuncio de la actuación del mítico cantaor Manuel Molina de Jerez.



Los cafés cantantes de Madrid, p. 110...



Hoy queremos aumentar el corpus de noticias flamencas de ese año en el citado local. En realidad, el concierto de Molina referido por Blas Vega fue el primero de una serie de al menos tres funciones de cante y baile que acontecieron en mayo y junio.

Para el miércoles 24 de mayo se anunciaba el segundo concierto del género andaluz, por los tan celebrados Manuel Molina, su hijo José, Paco el Sevillano y Francisco Rodríguez (el Malagueño).



La Correspondencia de España, 23 de mayo de 1876




La Correspondencia de España, 24 de mayo de 1876




Y, el 5 de junio, El Toreo confirmó el éxito del tercer concierto que tuvo lugar el día 3, en el que lucieron sus habilidades Paco el Sevillano, Paco el Malagueño, Pepa de Cádiz, Elena de Utrera, Miguel García, Víctor Fernández y la sonanta de Bautista.



El Toreo, 5 de junio de 1876



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(I) Retrato de Manuel Molina de Jerez, gentileza del investigador José Manuel Martín-Barbadillo

sábado, 31 de octubre de 2009

Café del Príncipe, 1854

A raíz del concierto gitanesco que aconteció en los salones de Vensano (Madrid) en febrero de 1853, se publicaron sendas crónicas en los diarios capitalinos La España y La Nación. El material está transcrito y comentado, entre otros libros, en El flamenco en Madrid (Almuzara, 2006), de José Blas Vega.

En La Nación del 25 de febrero se habla de un proyecto de reformas en el café del Príncipe.

(...) Ignoramos si cuajará el proyecto del empresario, y si tendremos efectivamente conciertos de gitanos en el Café del Príncipe, con sus correspondientes juegos de manos como en épocas anteriores; pero lo que la (sic) podemos asegurar, es que hemos visto a los flamencos muy metidos en harina con los parroquianos más influyentes del establecimiento.


Sobre esta gacetilla, José Blas Vega aclara que: «...no hay constancia de que en el café del Príncipe hubiese flamenco. Dicho café, vulgarmente conocido como El Parnasillo, fue durante su primera época, de 1807 al 23 de agosto de 1848, un célebre café de literatos (...). El café se reabrió en septiembre de 1851, y nuevamente se volvía a reabrir en 1860, (...), pero sin ninguna referencia flamenca.»

Bien, pues hemos localizado una referencia flamenca a dicho café en enero de 1854. Se ocultan los nombres de los protagonistas y no hemos encontrado -hasta ahora- la confirmación del evento. Pero está claro que "los parroquianos más influyentes" a los que aludía la prensa un año antes eran un núcleo de aficionados de tomo y lomo.





Gitanas y flamencos. De un momento a otro deben llegar a esta corte, procedentes de Sevilla, dos de las más jóvenes y lindas bailaoras, acompañadas de otros dos cantaores, cuyos nombres no queremos revelar hasta que, en un círculo de amigos cuyo núcleo se encuentra en el café del Príncipe, den su primera función, costeada por un joven muy conocido en Madrid.



viernes, 12 de junio de 2009

Derribo del Café Teatro-Salón Novedades (Sevilla, 1897-1923)



Ya lo presagiaba Pablillos de Valladolid en su artículo El Conservatorio del Flamenquismo, publicado en la revista Por esos mundos del 1 de noviembre de 1914 (la foto de dicho artículo se puede consultar en la página del amigo David Papeles Flamencos): ...El ensanche de Sevilla (...) arrasará muy pronto un montón más de recuerdos amontonados por las generaciones bajo la techumbre del Salón de Novedades (...)

El derribo del popularísimo local se produciría ocho años y pico después del pronóstico de Pablillos, en marzo de 1923. Un año antes -casi día por día-, José Bruno firmó un artículo en la revista La Esfera, suerte de despedida al escenario que vio brillar a la plana mayor del flamenco de toda una época.




La Esfera, 25 de marzo de 1922


El Globo del día 22 de marzo de 1923 se hizo eco del comienzo de las obras de demolición del establecimiento... adquirido por el Ayuntamiento en la cantidad de 800.000 pesetas, para ensanche de la plaza de la Campana, asistiendo al acto el alcalde, conde de Halcón, y numerosos concejales, congregándose en la plaza inmenso público, que quiso presenciar el comienzo de la demolición de un edificio que constituye un verdadero tapón y dificulta el tránsito por aquel lugar (...)

En la Fototeca Laboratorio de Arte, informatizada por la Universidad de Sevilla, se puede consultar una interesante fotografía de la plaza de la Campana tomada el 24 de marzo de 1923.






Plaza de la Campana: Derribo del Café Teatro-Salón Novedades, el 24 de marzo de 1923. Como se puede apreciar, la plaza ya estaba configurada por sus márgenes, donde vemos el edificio de estilo alhambrista, y en la zona frontera nos queda el testimonio de la embocadura de la calle Sierpes, con la imagen de la pastelería de La Campana, que aún se conserva.
El derribo de la casa se hacía preciso para iniciar el eje este-oeste de la ciudad. Posteriormente este tramo fue conocido como Martín Villa, pero la idea se prestaba a ser el inicio de una Gran Vía, dando mayor anchura a todo el costado izquierdo de la Campana, como lo confirma también el derribo del edificio que vemos en primer término.

viernes, 15 de mayo de 2009

Cante gitano. 1867


Gil Blas del 3 de enero de 1867. Un artículo escrito por Luis Rivera, fundador del citado periódico de carácter satírico, antimonárquico y anticlerical.
Aunque el tono es burlón, el texto contiene unos párrafos en los que se nos describe, con un lujo de detalles poco común para la época, un cante por lo flamenco en la voz de una cantaora. De mistó...

miércoles, 13 de mayo de 2009

Salvador Rueda. El café flamenco



Un Salvador Rueda de 29 años nos plasma un retrato de ambiente del madrileño Café Imparcial, situado en la plaza de Matute, uno de los cafés flamencos de la Villa y Corte con más fama y trascendencia. De paso, le hinca el diente a la galería de flamencos que pueblan su tablao.
El café flamenco forma parte de una serie de 14 relatos de corte costumbrista que componen su libro El patio andaluz (Manuel Rosado Editor. Librería Nacional y Extranjera. Madrid, 1886), que el padre del Modernismo español dedicó a sus compañeros de Redacción de El Globo.

Salvador Rueda (Benaque, 1857-Málaga, 1933) colaboró en toda suerte de publicaciones, algunas de las cuales llegaría a dirigir (La Gran Vía o El Imparcial, por ejemplo), en otras desempeñaría el cargo de redactor-jefe (El Globo). Su pluma fue requerida en los diarios más influyentes de su época.